martes, 3 de marzo de 2020

Así serán los campos


AGRO.- (elconfidencial.com).- El campo español es, sin duda, uno de los más ricos del mundo en cuanto a biodiversidad, y eso se traduce en la calidad de los alimentos que nuestro país produce y que dan lugar a lo que conocemos como dieta mediterránea, tan valorada nacional como internacionalmente.
La agricultura y ganadería españolas son unas de las joyas de la corona de nuestro sistema productivo de cara a Europa y al resto del mundo.


Sin embargo, también es una de las mayores responsables de la degradación medioambiental a la que se ven sometidos los terrenos naturales que componen nuestra piel de toro. El impacto negativo se debe, en mayor medida, a la ganadería industrial, muy fuerte en nuestro país: actualmente el 93,7% de la producción porcina, el 94,2% avícola y el 80,6% de la leche del vacuno se basa en este modelo que supone graves daños para el medio ambiente, como deforestación, contaminación y descenso de la calidad de la tierra.

Por otro lado, somos el principal país importador de soja para la fabricación de piensos dirigidos a la alimentación animal, la segunda nación europea que registra el mayor consumo de carne y el cuarto productor mundial de carne de cerdo, según informan las asociaciones ecologistas. Desde hace unos años, hemos visto en nuestros supermercados la expansión de los productos ecológicos que son extraídos del medio natural de una forma más responsable y respetuosa con el medio ambiente. Se trata de una tendencia que ha cogido mucha fuerza, y también a raíz del auge de la dieta vegetariana entre la población. Cada vez estamos más concienciados a la hora de apostar por un modelo productivo que frene el cambio climático y la degradación del medio natural pero, ¿estamos haciendo suficiente?

La reconstrucción del entorno natural
La superficie total de la agricultura ecológica en España se cifra en 2,246 millones de hectáreas en 2018, según el informe ‘Agricultura Ecológica 2018′, elaborado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA). Esto supuso un aumento del 8% respecto al año anterior. Respecto a la ganadería de este tipo, destacan incrementos del 14,94% en ovino y del 14,86% en bovino leche, así como del 11,51% en porcino, lo que quiere decir que nuestro país va en buena dirección en relación a este cambio a un modelo de producción más sostenible y respetuoso. Además, cada vez está teniendo mejor recepción por parte de los consumidores: el gasto per cápita en productos ecológicos se sitúa en los 46,5 euros por habitante y año, duplicando los 21,85 euros de media que se gastaba en 2013.


Pero esta transición a un modelo de producción y consumo más eficiente y responsable con los medios naturales parece no ser suficiente. Un artículo publicado en ‘The Guardian’ alertaba recientemente de la degradación medioambiental de las Tierras Altas escocesas, uno de los principales focos de turismo del país por su impresionante belleza natural y paisajística. Sin embargo, su desmesurada explotación agrícola y ganadera está afectando a su flora y fauna, empeorando no solo las condiciones de vida de los herbívoros, sino también la calidad de su suelo y sus bosques. Hay que tener en cuenta que más del 75% de la tierra escocesa se destina a la actividad agrícola, sobre todo para producir cebada (ingrediente esencial para la elaboración del famoso whisky escocés o la cerveza), así como de trigo y avena.

Ante esta creciente amenaza, en los últimos años ha tomado mucho impulso una nueva forma de preservar el medio ambiente sin que afecte a los ingresos de la industria: el ‘rewilding’, un concepto que antepone la reconstrucción de los paisajes naturales allí donde han sido mermados por la actividad ganadera y agrícola, está cogiendo mucha fuerza entre los profesionales del campo escocés, que parecen haber comprendido que para mantener su negocio lo primero es rehabilitar y cuidar el medio del que viven: la tierra.

Así lo corrobora el propietario de tierras Thomas MacDonnell, protagonista del reportaje del medio británico, quien ha reducido su número de venados en pos de permitir que el bosque de la finca Glenfeshie que tiene en propiedad se recupere y la biodiversidad regrese. El ‘rewilding‘ no está planteado solamente como una medida destinada a mejorar las condiciones naturales de las explotaciones agrícolas, sino para reducir su nivel de impacto en la naturaleza y a la vez aprovechar su rédito económico en otras industrias, como por ejemplo, el turismo, en este caso, de la forma más sostenible posible.

El campo del futuro
¿Qué ocurrirá, pues, en España? A las reivindicaciones de los jornaleros españoles que sin duda deben ser atendidas se le suma la progresiva degradación del medio ambiente, que tampoco puede esperar. El ‘rewilding’ es una técnica que permite dejar “que la naturaleza se recupere a sí misma, permitiendo la reparación de los procesos naturales y la restauración de todos aquellos paisajes degradados”, según explica la página web de la iniciativa, de carácter europeo. “La renaturalización incluye liberar a los ecosistemas de la presión humana para que tiendan a autorregularse y funcionen de manera natural”, explica José María Rey, investigador de la Universidad de Alcalá a la agencia ‘Sinc‘. Esto implica reducir la producción de una forma escalonada y aprovechar los recursos económicos que ofrece el campo además de los empleados para la obtención de alimentos.

Por otro lado, vivimos en una sociedad global en la que cerca de 1.300 toneladas de alimentos se tiran a la basura cada año en todo el mundo, según un estudio realizado por el propio ‘The Guardian’. Esto supone un claro desequilibrio entre los niveles de producción y de consumo. ¿Podría estar la solución en el empleo de tecnología puntera con el objetivo de seguir produciendo sin que afecte al medio ambiente? Por ejemplo, la denominada como “agricultura vertical”, en la cual los alimentos son producidos de manera local, sin pesticidas y con cero emisiones de carbono. Ya hay compañías como Aerofarms, de Estados Unidos, la cual patentó tecnología LED para que las plantas pudieran hacer la fotosíntesis y con la mayor eficiencia energética posible. Gracias a este sistema de cultivo, los límites productivos podrían terminar, así como los gastos en agua, espacio o las dificultades climatológicas.

Esta serie de innovaciones técnicas también tendrán su eco en la industria cárnica, no solo en la esfera de la agricultura. Un informe del ‘think tank’ estadoundense RethinkX augura que dentro de 15 años el aumento de la producción de todo tipo de carne a base de células animales cultivadas a partir de un biorrectaro llevará a la bancarrota a muchas empresas, al mismo tiempo que eliminará la necesidad de cultivar soja, maíz y piensos como sustento de estos animales.


¿Puede ser que en un futuro no muy lejano por fin hayamos encontrado la fórmula de extraer los recursos naturales sin que haya el más mínimo impacto al medio ambiente y gracias a la tecnología? Evidentemente, la otra cara es el alto nivel de desempleo que se originará después de que estas innovaciones penetren en la sociedad y las empresas. En definitiva, vivimos tiempos drásticos a un nivel económico y medioambiental que contemplan serios problemas a los que es imprescindible atender de inmediato y con celeridad.

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