Señor Director:
La reciente detención de un
ciudadano chileno en el Aeropuerto de Guarulhos, en São Paulo, por realizar
comentarios racistas, homofóbicos y actos de violencia contra tripulantes de
vuelo, en viaje, abre una discusión urgente sobre los límites de la convivencia
y el respeto. Más preocupante aún resulta la excusa de haber estado bajo
fármacos prescritos, como si eso justificara relajar filtros personales y
permitir conductas discriminatorias o agresivas.
El problema es que eso pasa
usualmente en ambientes laborales donde justamente en ciertos “ambientes de
confianza” algunas personas sienten que pueden hacer comentarios impresentables
sobre colegas cuando no están presentes, o se normalizan malos tratos bajo la
idea de la cercanía o la presión laboral. Acá queda en evidencia que un título
profesional no entrega educación, empatía ni valores.
Sin embargo, las leyes por
sí solas no bastan. Resulta indispensable fortalecer la educación en respeto,
convivencia y diversidad, especialmente en espacios laborales donde aún
persisten prejuicios y prácticas excluyentes. La discriminación no desaparece
únicamente mediante sanciones; también requiere un compromiso cultural y social
que entienda que la dignidad humana no admite excepciones.
Belén Aliste, Coordinadora
del Área de Asesoría Laboral y Negociación Colectiva
