La araucanía lidera el ranking con 100 experiencias, seguida de Los Lagos (70) y Valparaíso (36), pero el programa tiene rostros concretos en cada territorio. Uno de ellos es el de Georgina Leticia Toro Huenulao (44), ingeniera agrícola que pasó de trabajar en una exportadora de arándanos a cultivar acelgas de colores, kale, ajo chilote y berries en su predio Newen Folle, en la comunidad Juan Traipi de Vilcún. "Me tocó trabajar con plaguicidas y sé lo que pueden producir: efectos dañinos en la salud y en los ecosistemas", cuenta. Su campo, abierto a otros agricultores desde 2024, fue uno de los primeros faros del país.
Historias como esa se repiten de norte a sur. En la comunidad Pedro Linconao de Padre las Casas, José Benito Trangol Namuncura (61) recuerda que su padre compró el terreno en 1974 como "suelo pelado". Hoy, tras dejar los agroquímicos, tiene bosque, forraje, frambuesas y hasta un monito del monte. "Es muy rentable. Mi sueño es que las familias vuelvan a tener huerto. Esto se debiera enseñar a los niños y hasta los curas debieran difundirlo en la misa", dice entre risas.
Para los agricultores de Ñuble, estos faros operan a través de programas como Prodesal, PDTI o el Programa de Transición a la Agricultura Sostenible (TAS). La idea es simple pero poderosa: activar una inteligencia colectiva donde el conocimiento viaja entre pares, sin recetas foráneas. En la Región de Los Lagos, la agricultora huilliche Cecilia del Carmen Guineo Colguen lidera un banco de semillas ancestrales con papas nativas y zanahorias de colores. En O'Higgins, Julio Gamboa Morales (77), guardador de semillas, ganó el concurso del tomate más grande con un ejemplar de 1,042 kilos cultivado en su Huerto Eco-Corcolén.
¿Y qué significa esto para San Carlos? Pues que cada vez más familias campesinas pueden producir alimentos con alto valor nutritivo, sin depender de insumos industriales que encarecen la producción y dañan la tierra. Como explica Karla Natalia Llancacura Vidal (38), del Huerto de Karla en Teodor Schmidt: "Antes podía gastar un millón de pesos en insumos industriales, pero ya no es necesario. Solo hay que atreverse a ensuciarse las manos". Justamente de eso se trata: de recuperar oficios, cuidar el agua y alimentar la biodiversidad desde la vereda de la [Agricultura Familiar Campesina].
El director nacional de INDAP, Patricio Camoglino, destaca que estos faros representan la identidad territorial de cada comuna: "Se busca que sean un ejemplo claro de avance en la transición a la agroecología en el contexto cultural donde están insertos". Para los vecinos de Ñuble interesados en sumarse, la invitación está abierta en las oficinas locales del [INDAP San Carlos]. Porque, como bien dice José Trangol, "no hemos descubierto nada, todo está en la naturaleza y es cosa de mirar cómo trabaja".
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🌱 Datos claves de los faros agroecológicos:
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