viernes, 17 de julio de 2020

Invernaderos hidropónicos, la técnica de cultivar sin tierra


AGRO.- (mirador provincial.com) Para que una planta pueda crecer adecuadamente, la tierra no puede estar ausente en la ecuación. Así lo establecería el sentido común y muchos darían por sentado esta afirmación, sin ánimos de discutir nada.
Pero la aparición de la hidroponía (del griego hydro: agua y ponos: trabajo) en el siglo XIX tiró el tablero de las estructuras establecidas, sorprendiendo a más de uno con sus propuestas, consideradas más limpias, orgánicas y sanas.

Esta técnica de cultivo utiliza una solución nutritiva en vez de tierra y se emplea el sistema NFT para la recirculación de la mencionada solución en los canales de cultivo. Los beneficios de este mecanismo son múltiples entre los que se pueden destacar: el ahorro significativo en solución nutritiva y agua; se aceleran los tiempos de cosecha; y se pueden aprovechar mejor los espacios.

A nivel mundial, la hidroponía está bastante desarrollada en varios países, especialmente de Europa. En Entre Ríos poco a poco están apareciendo invernaderos hidropónicos y uno de esos está ubicado en la localidad de General Ramírez, único en la región. No fue producto del azar que Marcela Gross haya elegido un emprendimiento basado en la hidroponía. Desde temprana edad, la joven ramirense observó detenidamente cómo sus padres se desempeñaban en el oficio de la horticultura.

“Siempre me interesó mucho la actividad pero yo no quería trabajar en suelo porque sabía el esfuerzo que implica. Esto te cambia mucho la forma de trabajar porque no tenés que dar vuelta el suelo, no hay suciedad, no tenés que hacer tanta fuerza, ya que el trabajo en el suelo es cansador, especialmente porque hay que lidiar y renegar con las malezas constantemente. Acá en casa se tomó con mucha alegría”, expresó la ingeniera agrónoma, recibida en la Uner de Oro Verde.
Producción y comercialización


-¿Cuál es la diferencia entre un producto hidropónico y uno proveniente de tierra?
-Nosotros lo que podemos obtener a través de esta técnica es un producto de mayor calidad porque no tiene contacto con el suelo y, por ende, no lidiamos con malezas y los patógenos son más fáciles de controlar. Al sacar el suelo de la ecuación hacemos un poco más sencillo el trabajo de la producción. Asimismo, es un producto más limpio porque como no hay suelo no hay suciedad. Para anclar la planta nosotros trabajamos con un sustrato llamado turba. Luego de ponerlo ahí lo regamos con la solución nutritiva. En principio nosotros decidimos trabajar sin agroquímicos, es decir, estamos buscando tener un producto orgánico y eso hace que sea más sano,

-¿Y en cuanto al sabor?
-Es igual, un poquito más crujiente. En definitiva, la planta es idéntica a la de tierra. Pero pasa que en el suelo tenemos muchos factores de estrés, a veces la sequía, la competencia con las malezas o lo patógenos. En el caso de la hidroponía al eliminar muchos factores suprimimos ese estrés. Al darle los nutrientes en la solución, a través del agua, la raíz no tiene que forzarse a nada y por eso no está estresada porque tiene todo a su disposición y sólo tiene que crecer. Nosotros trabajamos en invernadero que es otro factor positivo porque cuando hay viento están cubiertas y en invierno tienen una temperatura superior. Todo eso nos permite tener un producto de mayor calidad.

-¿Cómo comercializan el producto?
-Al producto se lo empaqueta con la etiqueta correspondiente, donde figuran las redes sociales. Cabe destacar que nosotros comercializamos el producto con raíz y eso hace que sea más fresco a la hora de consumirlo y tenga más calidad. Si le sacamos la raíz, la planta se deshidrata. En cuanto a la producción la estamos vendiendo en varias verdulerías de General Ramírez y en Crespo. Actualmente estamos por poner en marcha otro vivero. Los productos tienen buena aceptación. Nos reciben bien y nos permitieron comercializarlo porque si no tenés donde venderlo de que vale producirlo.

Inicios y desafíos
-¿Cómo inició este gran sueño del invernadero?
-En la facultad tenía la materia hidroponía y eso me motivó mucho. Pero, más allá de lo que aprendí en la facultad, me capacité con material que no está en nuestro país, con cursos en el exterior, lo que me permitió conocer más sobre la técnica. Nosotros arrancamos con el proyecto a principios del 2019. Primero busqué recibirme para no dejar el título de lado. Luego empezamos a encarar lo del invernadero. Armamos sistemas, desarmamos, cambiamos las formas. En producción hay cosas que sirven y otras que no.

-¿Qué desafíos tuvieron en el emprendimiento?
-No hay información en la zona porque es una actividad que no se conoce mucho. Todo fue a prueba y error. Tuvimos muchos momentos difíciles pero siempre hay algo nuevo que aprender. Acá me ayudan mi esposo y mis padres, que son los que siempre me impulsaron. Ellos siempre me motivaron.

-¿Cuáles son los proyectos a futuro?
-La idea es ampliar en cuanto a los lugares de venta. Por el momento estamos produciendo lechuga. Hemos hecho albahaca también, que resultó muy bien. Asimismo probamos otras variantes con la misma solución, pero no funcionaron. Así que, por esas razones, no estamos produciendo otras cosas ya que hay que cambiar o el sistema o la solución. Después planeamos hacer frutilla y tomate. 

Tratamos de hacer lo que mejor podemos. Queremos que sea un producto diferenciado para que el consumidor pueda elegirlo y llevarlo sin tener que mirarlo mucho. Nos esmeramos para que el producto tenga calidad, sea saludable y rico al paladar.

El origen de todo
Según los antecedentes, los Aztecas fueron la primera civilización en utilizar agricultura hidropónica pero fue recién en el siglo XIX cuando se desarrolló el concepto de soluciones minerales para el aporte de los nutrientes requeridos por las plantas. Por su parte, el primer registro escrito pertenece a Jan van Helmont en el año 1600, quién realizó experimentos documentados sobre la obtención de sustancias nutritivas del agua.

En este sentido, una de las primeras aplicaciones exitosas de la hidroponía a gran escala fue en la Segunda Guerra Mundial para proveer de verduras a las tropas en islas donde no había suelo disponible para el cultivo y era extremadamente caro transportarlas.




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