“Lo que comemos hoy nos está matando”


La invitada estelar del evento se lució con sus preparaciones. Es defensora de la dieta de sus ancestros y hace un ritual antes de cocinar.
En el mundo andino no existía la diabetes, hipertensión, ni colesterol. Nuestros ancestros vivían más de 100 años".
A la chef aymara Aurora Cayo la eligieron para representar la comida chilena en la Expo Milán, que estará hasta octubre en Italia. Ahí realizó tres demostraciones de cocina, ante un centenar de personas cada vez.
Mató con varias preparaciones, entre ellas, su picante de guata pata y llaita, además de su pierna de cordero asada, macerada con chimichurri andino y acompañado con chuño puti y pisara de quínoa.
"Los platos que preparamos son típicos aymaras, con breves mejorías. La gente se comió todo en la degustación. Lo disfrutaron, lo sentí. Además los hice abrazarse antes de partir «¿Qué cuesta darle un abrazo a tu hermano?»", cuenta.
Dice que echó en su maleta varias hierbas y maíz pelado y que logró pasarlos por la seguridad del aeropuerto. Aurora está al teléfono desde Italia. Se corta a cada rato. Ella dice que es porque su cuerpo está lleno de energía y por eso siempre estos aparatos fallan en su presencia.
Dentro del equipo que la eligió estuvo el chef Rodolfo Guzmán, dueño de Boragó, el único restaurante chileno en la lista de San Pellegrino y Acqua Panna.
"Aurora es un ejemplo vivo, un testimonio de la gastronomía chilena. Cuenta con mi profunda admiración", opina él.
En la universidad de la vida
Cayo tiene 56 años, dos hijos y nació en Chiapa, provincia del Tamarugal. Es hija de pastores de llamas, agricultores y ganaderos aymaras. Las abuelas y madres de su pueblo fueron claves en el traspaso de la cultura gastronómica. Llegó hasta 8° básico, pero dice: "Me gradué en la universidad de la vida".
Hoy, ella —que lleva el título de mujer sabia de su tribu y además es sacerdotisa del lago Titicaca— tiene una empresa de banquetería aymara, vive en Iquique y también es parte del consejo asesor indígena de la Seremi de Salud.
El fin de semana pasado estuvo en el seminario "Saberes y Sabores de los pueblos andinos", de la misma ciudad.
"Tenemos alimentos sanos, buenos y justos. No me gusta que se consuma tanta Coca-Cola. Hay muchos productos que valorizar en nuestro pueblo. La comida andina es medicina y alimento para el alma", afirma.
Explica, además, que antes de cocinar hace un ritual con hojas de coca, como "pago" a la madre tierra: "Les pido permiso a nuestros ancestros para que nos acompañen en lo que hacemos. Así purificamos el alimento".
—¿Qué significado tiene la comida para la cultura aymara?
—Un regalo, vida. Nuestros ancestros con su comida vivían más de 100 años, morían de viejitos. Lo que comemos hoy nos está matando. En el mundo andino no existía la diabetes, ni la hipertensión, ni el colesterol. Nuestra única grasa, era la grasa de llama. Otro cosa, nunca tuvimos lo que ustedes llaman calentamiento global, porque los aymaras nunca explotamos la tierra hasta matarla. Sacábamos lo que necesitábamos para vivir.
—¿Cuál es el principal problema de la gastronomía andina hoy?
—Hay falta de autonomía de los pueblos originarios en la producción de alimentos. Eso nos hace dependientes de un modelo de producción y consumo desligado de nuestros valores tradicionales y prácticas al momento de hacer, por ejemplo, queso, charqui o la papa chuño. Si las cosas siguen así nuestra gastronomía y semillas desaparecerán.
—¿Qué ha desaparecido?
—La variedad de maíces andinos de colores y la oca, un tubérculo andino muy proteico. No hay normativas sanitarias que apoyen la conservación de nuestros productos.
—¿Qué responsabilidad le cabe al Estado?
—Los aymaras ya no somos dueños de la tierra, se las entregan a las transnacionales a las que no les importamos. Todavía sentimos represión, sentimos que nos pasan a llevar. Esa es la deuda histórica del Estado con nosotros.

Por Catalina Cabello

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