Esfuerzos individuales y
asociativos ya están dando frutos.
El reciente anuncio de Viña
Miguel Torres respecto del desarrollo de un proyecto enoturístico en Chillán no
pasó inadvertido, puesto que es precisamente esa veta del negocio vitivinícola
el que apuestan por explotar las principales viñas del Valle del Itata.
No es precisamente una
innovación, de hecho, las rutas enoturísticas ya suman décadas de historia en
California, Francia e Italia, y sin ir tan lejos, en Chile las rutas del valle
de Colchagua y de los valles de Curicó son referentes en este ámbito. Sin embargo, así como ha
ocurrido con el nuevo descubrimiento de los vinos del Valle del Itata, que
están dando que hablar en los círculos de expertos y consumidores exigentes de
Santiago, ello ha ido de la mano de una herramienta clave para el marketing
vitivinícola: el enoturismo.
Es así como hoy en la Provincia
de Ñuble es posible encontrar una oferta atractiva y variada, pensada en
distintos públicos, como la ruta del vino de Quillón, que reúne a las viñas
Lomas de Quillón y Don Ginito, y la propuesta independiente de las viñas
Männle, Casanueva y Chillán, en Bulnes, y de la viña Santa Berta, en San
Nicolás.
Miguel Torres
La Viña Miguel Torres, de
capitales españoles y asentada en Curicó, adquirió un predio de 230 hectáreas
en Chillán, a orillas del río Ñuble. Es una de las viñas más premiadas de Chile
y ha sabido desarrollar una oferta turística para quienes visitan sus viñedos
en Curicó, la que incluye un centro de visitas y sala de ventas, un
restaurante, una casa de huéspedes, talleres y visitas guiadas.
Según explicó el gerente general
de la firma, Jaime Valderrama, “nuestro proyecto en Chillán es poner un pie ya
en serio en uno de los valles que nos llama más la atención, por toda su
historia y por sus características de potencial de vinos de alta calidad.
Nosotros ya hemos venido comprando uva y desarrollando proyectos específicos de
este valle, como nuestro vino Días de Verano, de Moscatel del Valle de Itata.
En el predio que compramos empezaremos a plantar el próximo año principalmente
variedades tintas como Cabernet Sauvignon”.
Consultado respecto del potencial
de esta zona para el desarrollo del enoturismo, el ejecutivo sostuvo que “en el
caso nuestro, la cercanía a Chillán hace que se pueda combinar el conocimiento
y entretención que da el vino, con una ciudad con atractivos turísticos e
históricos muy interesantes, además de poder combinar enoturismo y práctica del
esquí, especialmente para el público brasilero”.
En opinión de Valderrama, en
Ñuble “se da la perfecta combinación de un lugar que nos permitirá lograr
grandes vinos, una tremenda tradición volviendo al origen de la viticultura en
Chile y la cercanía de Chillán, ciudad muy importante que nos ayudará a hacer
más interesante todas las visitas que recibamos en nuestra viña”.
Identidad
El principal atributo al que hace
mención el gerente de Miguel Torres es precisamente esa identidad del Valle del
Itata que hoy se intenta rescatar, y que tiene su origen en la colonización
española, que además de traer el idioma y la religión, también trasplantó las
cepas tradicionales, como la uva País y la Moscatel de Alejandría.
Raúl Godoy, jefe de la Oficina de
Gestión Turística de la Municipalidad de Chillán, aseveró que existe un enorme
potencial en la zona para el desarrollo del enoturismo. “Nosotros, como
oficina, hemos detectado entre los turistas que pasan por Chillán dos
inquietudes que vale la pena mencionar: una es la queja de los visitantes
porque en los restaurantes locales no tienen vinos de la zona, y la otra es el
deseo de conocer las viñas del Valle del Itata”.
Y los números hablan por sí
solos, pues se estima que la ruta del vino de Quillón, la única que existe en
la Provincia de Ñuble, atrae a unos 30 mil visitantes anuales.
Godoy recordó que en 2002
participó en la creación de la mencionada ruta cuando trabajaba en Quillón.
“Actualmente es la única ruta que sobrevive, y ello ha sido gracias a la
perseverancia de los empresarios que la conforman y al apoyo estatal, pues han
logrado expandir sus negocios y ser un referente en la zona”.
Y fue precisamente esa identidad
tan particular del campo ñublensino el elemento diferenciador que se le quiso
imprimir a la ruta, arguyó el profesional.
Ruta del vino de Quillón
El circuito de 15 kilómetros por
el camino a Cerro Negro se inicia en Quillón urbano y termina en el sector
Canchillas y constituye no sólo un atractivo para el visitante de otras
regiones, sino que también un atractivo paseo familiar para el fin de semana.
Desde su creación, lejos de
declinar, se ha ido consolidando, explicó Eduardo Cerda, profesor de la carrera
de Turismo de Inacap y del Liceo de Quillón, quien reconoció que usa el caso
como ejemplo en el aula.
Comentó que buena parte de los
visitantes corresponden a delegaciones de cajas de compensación, lo que permite
mantener activa la ruta durante todo el año.
“Con esta ruta, los empresarios
se han visto muy beneficiados, por ejemplo, Don Ginito pasó de ser una sala de
ventas a un restaurante para 300 personas”, comentó Cerda.
El docente explicó que a
diferencia de lo que ocurrió en Bulnes, donde también se definió una ruta del
vino, el proyecto finalmente no prosperó debido a la falta de colaboración
asociativa de sus miembros, opinión que es compartida por Raúl Godoy, quien
hizo hincapié en la asociatividad como requisito fundamental para el éxito de
iniciativas como ésta.
Cerda apuntó al desafío pendiente
de esta ruta de vincularse efectivamente con el turismo de invierno que se
desarrolla en la montaña, pues aseguró que actualmente los públicos son muy
distintos.
En esa línea, Godoy destacó el
trabajo que se está haciendo en materia de difusión y promoción, así como
también con los tour operadores, “porque es necesario entender que se debe
vender a Ñuble como un destino y no de manera parcelada, de manera que el
turista que va a buscar la nieve pueda bajar un día a conocer una viña y probar
los vinos de la zona”.
La ruta se inicia en la plaza de
Quillón y su primera escala es el Jardín Las Rosas, en el sector Villa San
Francisco, donde hay cultivo de plantas y mote con huesillos. Luego, en el
kilómetro 10, la parada obligada está dada por la Viña Lomas de Quillón, en el
sector El Maitén, donde los turistas pueden conocer in situ el proceso de
elaboración de vinos y licores caseros, con degustación incluida. No se cobra
por la visita guiada, pero es deseable que el visitante adquiera alguno de los
productos de la sala de ventas.
Lomas de Quillón, de la familia
Barriga Villalobos, recientemente amplió la bodega y ofrece a los turistas
visitas guiadas en dos idiomas.
A un kilómetro y medio de
distancia se encuentra Agroturismo Restaurant Don Ginito, cuya especialidad son
los vinos y licores artesanales, y la comida típica preparada en hornos de
barro. Ofrece visitas guiadas gratuitas, una muestra de artesanía y
degustaciones.Su dueño, José Escobar, explicó que el recinto cuenta con cabañas
y piscina.
“Nos interesa combinar el destino
invernal que representa la nieve con las viñas, y uno de nuestros objetivos es
el turista brasileño. Para ello ya hicimos un convenio con algunos recintos de
Las Trancas. De hecho, no es coincidencia que estemos preparando nuestra
tercera exportación de vinos y licores a Brasil”, afirmó Escobar.
Vinoterapia y sabores
El tour operador Cayumanqui
Turismo ofrece un atractivo recorrido por viñas y actores gastronómicos de
Quillón. El tour denominado “Viñas, sabores e historia del Valle del Itata”,
incluye la visita a la Viña Escobar, ubicada a 19,5 kilómetros de Quillón
urbano. En este lugar los visitantes pueden conocer la historia de los vinos de
la zona de boca de su dueño, disfrutar de comida campestre y adquirir productos
cosméticos elaborados en base a vino. Pero además, los Escobar recientemente
pusieron en marcha un spa que explota principalmente la vinoterapia, gracias a
un proyecto que recibió el apoyo de Corfo.
El tour también incluye una
visita a la Hostería San Carlos y a pequeñas viñas artesanales de la zona, así
como al Museo San José de Ránquil y la Viña Männle, en Bulnes. El recorrido se
inicia a las 10 horas y concluye a las 17, y su valor es de $19.900. Esta
iniciativa es parte de un profo cofinanciado por Corfo.
De igual forma, el operador
ofrece paquetes más grandes que incluyen alojamiento y otros puntos de interés.
Bulnes
En Bulnes hay tres viñas que
ofrecen servicios turísticos y exportan parte de su producción a mercados tan
exigentes como Europa, Estados Unidos y Asia. Se trata de Männle, Chillán y
Casanueva, que si bien son parte del Valle del Itata, no forman parte de
ninguna ruta o entidad asociativa.
Heinrich Männle, dueño de Viña
Mannle, ha logrado desarrollar un interesante polo turístico en su viña,
distante un kilómetro de la Ruta 5. Actualmente, está concluyendo la
construcción de cabañas y ya proyecta la construcción de un restaurante. La
viña ofrece a los turistas visitas guiadas para grupos pequeños y grandes, con
valores que oscilan entre los 4 mil y los 8 mil pesos, con degustaciones.
Acostumbrado a recibir turistas
chilenos y extranjeros, afirmó que el año pasado llegaron a la viña entre mil y
1.500 visitantes, principalmente en verano, aunque se apresura en aclarar que
la viña funciona durante todo el año y que las visitas se deben programar con
anticipación.
Comentó, además, que el objetivo
es fortalecer la vinculación con los operadores turísticos de la zona, que ya
están incluyendo a la Viña Männle como parte de los paquetes que se ofrecen a
los turistas en Las Trancas. Se trata, según explica, de explotar mejor ese
nicho de mercado.
Por su parte, Rudolf Ruesch,
dueño de Viña Chillán, tiene una propuesta más consolidada, pues además de la
bodega y los viñedos, cuenta con un restaurante de comida internacional con
sala de desgustaciones y una casa de huéspedes, una fórmula que ha dado
resultados positivos a otras viñas en el mundo.
Ruesch aclaró, sin embargo, que
el restaurante reabrirá sus puertas en noviembre (se cierra en invierno) y la
casa de huéspedes, en septiembre.
Explicó que las visitas guiadas
se ofrecen durante todo el año (de martes a domingo) y tienen un valor de
$7.500 por persona, y que la mayoría de los visitantes son delegaciones, lo que
cambia drásticamente en verano, con una fuerte afluencia de turistas
extranjeros (la mitad de los huéspedes).
La apuesta de Ruesch, sin
embargo, aún no considera la vinculación con el turismo invernal, aunque según
Raúl Godoy, es solo una cuestión de tiempo.
Finalmente, la Viña Casanueva,
también conocida como Cavas Submarinas, dispone de distintos recorridos de
acuerdo al tamaño del grupo y el bolsillo del visitante.
El tour básico consiste en una
visita a las instalaciones, viñedos, bodega, barricas, degustación y brunch en
sala de cata; pero también hay otros tour que incluyen almuerzo campestre e
incluso, la visita a las cavas submarinas en la bahía de Concepción.
San Nicolás
En San Nicolás se encuentra la
Viña Santa Berta, también conocida como Errázuriz-Domínguez, muy cerca de la
Ruta 5.
El recinto corresponde a una
casona de estilo colonial, que también cuenta con una capilla, razón por la
cual es utilizada para matrimonios, bautizos y además, eventos de empresas e
instituciones. Pero más allá de su uso como centro de eventos, la viña también
rescata la tradición vinícola de la zona y ofrece visitas guiadas a turistas
chilenos y extranjeros, quienes pueden conocer los viñedos, las bodegas y las
casas patronales.
Así como las demás, esta viña
también ha orientado su promoción a los turistas que llegan a la zona a
disfrutar de la nieve, un nicho que a juicio de los expertos aún está
subexplotado y que rendirá frutos en la medida que la oferta se defina desde la
perspectiva del destino y no de manera individual, aprovechando el nuevo
impulso del Valle del Itata
