La cárcel de Chillán se ubica en pleno centro de la ciudad. A solo cuatro cuadras de la Plaza de Armas ocupa prácticamente una manzana completa, rodeada de locales comerciales y viviendas tradicionales de arquitectura modernista que aún sobreviven en algunos barrios residenciales de la capital de Ñuble.
- Su emplazamiento ha sido, durante décadas, motivo de preocupación para los vecinos. Quienes viven en los alrededores han debido convivir con incivilidades recurrentes y hechos delictivos asociados al recinto, como el lanzamiento de drogas desde el exterior —los llamados “pelotazos”— e incluso fugas protagonizadas por internos que lograron escapar a través de los muros perimetrales.
Sin embargo, nada se compara con lo ocurrido la madrugada del 27 de febrero de 2010. Tras el terremoto de magnitud 8,8, una de las paredes del recinto colapsó, permitiendo la fuga de al menos 269 reclusos. Muchos buscaron refugio en viviendas cercanas, sembrando el pánico entre los residentes. Cuatro internos murieron en la vía pública por impactos balísticos durante el operativo desplegado por gendarmes y militares para contener la emergencia.
“Fue muy tenso todo. Yo estaba sola, con mi esposo muy enfermo, mientras los reos pasaban arrancando por los techos”, recuerda Raquel Hernández, vecina del Centro de Cumplimiento Penitenciario de Chillán y presidenta de la Junta de Vecinos Sargento Aldea N° 2.
- Han pasado 16 años desde aquella noche y, aunque distintos gobiernos han coincidido en la necesidad de trasladar el penal fuera del casco histórico, la iniciativa nunca ha logrado concretarse. No han faltado intentos. Incluso hubo terrenos disponibles tanto en Chillán como en Chillán Viejo, pero la férrea oposición de autoridades comunales y vecinos terminó frustrando cada alternativa.
La semana pasada, el recinto volvió a la agenda pública al ser incorporado al Plan Maestro de Infraestructura Penitenciaria, iniciativa impulsada por el Gobierno y que reúne a los ministerios de Justicia y Derechos Humanos, Seguridad Pública y Obras Públicas. Según informó la administración del presidente José Antonio Kast, el objetivo es acelerar la construcción de nuevos establecimientos penitenciarios, ampliar infraestructura existente y relicitar recintos mediante el sistema de concesiones.
“Una de las comunas donde tenemos previsto construir una nueva cárcel es Chillán, con la idea de responder al llamado que ha hecho la comunidad para cerrar el recinto que actualmente se encuentra en el centro de la ciudad. Estamos buscando el mejor inmueble y evaluando las distintas alternativas disponibles”, señaló el ministro de Justicia, Fernando Rabat.
- A diferencia de procesos anteriores, la búsqueda de un terreno parece avanzar con mayor rapidez. La Delegación Presidencial Regional ha identificado dos opciones: un predio militar ubicado en el sector de Quilmo, entre Chillán y Chillán Viejo, y un terreno particular ofrecido al Ministerio de Obras Públicas. La alternativa de Quilmo, sin embargo, ya ha generado cuestionamientos, debido a su escasa conectividad con la Ruta 5 Sur y porque forma parte de las áreas consideradas para la expansión urbana de Chillán Viejo.
Por ahora, el Plan Maestro no contempla fechas definidas para las etapas de diseño y construcción ni detalla los recursos comprometidos. Lo único confirmado es que el proyecto considera financiamiento para avanzar en su desarrollo dentro del marco de la Ley de Presupuestos 2027.
- Mientras tanto, el penal sigue operando con problemas de sobrepoblación. Diseñado originalmente para albergar a 350 internos, actualmente mantiene cerca de 600 y, en años anteriores, llegó a superar los 800 reclusos.
Las autoridades regionales valoraron el anuncio. El delegado presidencial de Ñuble, Diego Sepúlveda, calificó la iniciativa como “una obra necesaria no solo para mejorar las condiciones del sistema penitenciario, sino también para fortalecer la seguridad pública y dar respuesta a una demanda largamente postergada”.
Los vecinos, en cambio, observan el proyecto con cautela. Para ellos, se trata de una promesa que han escuchado demasiadas veces y cuya concreción parece aún lejana, especialmente en un contexto marcado por restricciones presupuestarias.
“Lamentablemente, este es un proyecto del que se habla mucho. Yo, al menos, lo vengo escuchando desde que asumí como presidenta de la junta de vecinos, en 2011”, comenta Raquel Hernández. Asegura que nadie quiere seguir conviviendo con la cárcel en el centro de la ciudad, pero también cree que la solución pasa no solo por construir un nuevo recinto, sino por avanzar en políticas efectivas de reinserción. Por ahora, solo espera que esta vez el debate no vuelva a quedar en nada y que, finalmente, se resuelva el destino de la cárcel de Chillán.
