Cuestionar o burlarse de la identidad de género de una persona de manera pública, vuelve a evidenciar la tensión entre el límite entre la libertad de expresión y el respeto irrestricto a la dignidad de cada individuo.
No se trata solo de un tema
valórico o de sensibilidad. En Chile existe reconocimiento y protección legal
de la identidad de género. La Ley N.º 21.120, vigente desde 2022, establece que
toda persona tiene derecho a ser reconocida e identificada conforme a su
identidad de género, incluyendo el nombre y el sexo registral que la
representen. Esto es obligatorio tanto para el Estado como para los
particulares.
Desconocer públicamente la
identidad de un ser humano, especialmente desde una plataforma masiva, no
constituye una simple opinión. Se trata de un acto que puede vulnerar derechos,
al ignorar una identidad legalmente reconocida y exponer a esa persona a
situaciones de discriminación.
En nuestro país, los
contenidos emitidos por televisión pueden ser objeto de denuncias ante el
Consejo Nacional de Televisión, organismo encargado de velar por el correcto
funcionamiento de los servicios televisivos, conforme a estándares que incluyen
el respeto a la dignidad de las personas. La Ley N° 18.838 establece que las
emisiones no deben vulnerar valores fundamentales ni, como indica su artículo
1°; normalizar situaciones de violencia de género. Así, cuando un contenido
desconoce o ridiculiza la identidad de género, se pueden activar mecanismos
formales de fiscalización y sanción, pues deben ajustarse a un marco de
responsabilidad social y jurídica.
Denunciar ante el Consejo permite
canalizar institucionalmente el reproche frente a discursos que, amparados en
la masividad de la televisión, pueden amplificar la discriminación.
La libertad de expresión es un
pilar fundamental en una sociedad democrática. Sin embargo, como todo derecho,
no es absoluto. Nuestro ordenamiento jurídico reconoce que su ejercicio
encuentra límites en la protección de la honra, vida privada y dignidad de las
personas. La identidad de género forma parte de ese núcleo esencial.
Este tipo de discursos, cuando se naturalizan, contribuyen a perpetuar prácticas de exclusión que el propio legislador ha intentado erradicar y que como sociedad no debemos tolerar.
Directora Carrera de Derecho
Universidad de Las Américas, Sede Concepción
