El Legado de la Escuela San Jorge y la Justicia que Restablece el Honor
Todo gran cambio comienza con un sueño. El nuestro nació en la Escuela San Jorge, de la mano de un equipo de profesionales jóvenes, soñadores y valientes, que decidimos que la educación rural no tenía por qué ser sinónimo de postergación. Trabajamos duramente, para romper el molde y demostrar que nuestros niños podían liderar el futuro a través de la robótica, la impresión 3D y el uso de drones, vinculando la tecnología con el currículum nacional de una forma nunca antes vista en la zona.
Fuimos los primeros en desfilar con orgullo tecnológico,
aumentamos la matrícula y abrimos las puertas de las universidades a
estudiantes que hoy miran el horizonte con otros ojos. Fue una etapa de energía
innovadora, de piezas que se movieron para dar paso a la excelencia y de un
compromiso inquebrantable con la educación pública.
Sin embargo, ese sueño fue truncado por la ambición y la
resistencia de unos pocos. Aquellos que, ante la incapacidad de adaptarse a un
proyecto educativo significativo, prefirieron recurrir a denuncias falsas para
proteger sus intereses personales. Lo que siguió fueron tres años de un dolor
profundo: un sumario administrativo utilizado como arma para dañar mi imagen
personal, profesional y familiar, intentando borrar una trayectoria que nadie
me regaló.
Pero desde hoy, la justicia ha hablado.
El fallo del Tribunal de Letras del Trabajo de San Carlos es
categórico y no deja lugar a dudas. Se ha acreditado la falta total de pruebas
en las acusaciones que se vertieron en mi contra y la evidente vulneración del
debido proceso. La sentencia no solo ordena mi reincorporación inmediata a mis
labores y el pago de todas mis remuneraciones, sino que actúa como un
precedente necesario: la gestión pública no puede ser rehén de quienes buscan
destruir por envidia lo que otros construyen con capacidad.
El daño causado es, en muchos aspectos, irreparable. El
tiempo lejos de las aulas y el peso de la calumnia son cicatrices que quedan.
Pero si hoy estamos aquí, es porque siempre hemos demostrado de lo que somos
capaces. Llegamos donde llegamos por mérito, por capacidad y por una ética que
no se dobla ante la adversidad.
Este triunfo es para ese equipo de jóvenes que se atrevió a
soñar conmigo, para los niños de la Escuela San Jorge y para todos los
profesionales que día a día entregan su vida por un ideal. La verdad ha
prevalecido, y con ella, la dignidad de una carrera que sigue adelante con más
fuerza que nunca.
Franklin Andrés
Jeldres Andrades
Magíster en Gestión y
Liderazgo Educativo
Profesor de Lenguaje
y Comunicación
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