jueves, 30 de julio de 2020

¿Qué está pasando con la innovación educativa?


Hablar de innovación educativa parece estar en el lenguaje común del sistema escolar chileno, sin embargo, no es muy frecuente la sistematicidad de su diseño e implementación en los establecimientos educacionales. Esto, debido a las dificultades cotidianas que presentan las estructuras educativas, tales como: escasos tiempos, resistencias, problemas en la gestión institucional, ausencia de trabajo colaborativo, entre otras.

Sumado a lo anterior, herramientas tan relevantes para orientar la gestión educativa como los Estándares Indicativos de Desempeño (EID) y el Marco de la Buena Enseñanza (MBE) no explicitan en ninguno de sus componentes (estándares y criterios) la innovación educativa, lo que también podría ser factor de la poca concreción de esta temática a nivel sistémico.

Continuando, podemos decir que existe una diversidad de conceptos sobre la innovación educativa, los cuales apuntan centralmente al cambio y la mejora. La innovación es el deseo que mueve a un docente a intentar mejorar su práctica profesional, más allá de una técnica o una teoría y siempre acompañado de una finalidad educativa (Martínez, 2008). En el caso de la innovación educativa se considera que el cambio es la causa y el fin de una innovación, es decir, se innova para generar cambios (Margalef y Arenas, 2006)

Lo que hemos visto en la actual pandemia, son respuestas variadas de las comunidades educativas para seguir adelante con los procesos de enseñanza-aprendizaje, en un contexto educativo invadido por el agobio, incertidumbre y condiciones poco adecuadas. 

Este empujón de la crisis, no obstante, nuevamente ha sacado a relucir la creatividad de un gran número de docentes, modificando metodologías, generando un foco mucho más fuerte en lo socioemocional, utilizando lo tecnológico como un aliado de sus prácticas, entre otros aspectos, para permitir que los estudiantes logren los aprendizajes necesarios en esta etapa.

Moreno (2020) afirma que “la innovación pedagógica en los tiempos del Coronavirus favorece la continuidad del proceso educativo y del cronograma académico de instituciones, maestros y estudiantes y puede ser el punto de partida para el cambio que el mundo exige desde hace muchos años”. 

La crisis sanitaria pareciera haber generado una actualización de los procesos y relaciones en los establecimientos educacionales, resaltando el trabajo colaborativo entre docentes de asignaturas y/o ciclos, la cooperación de los miembros de la comunidad en función de objetivos comunes, el liderazgo con mayor foco en los estudiantes, el uso de nuevas plataformas, entre otros aspectos.

Está claro que no solamente por el hecho de utilizar nuevas herramientas tecnológicas se está innovando, sin embargo, existen profesores y directivos que han ido más allá, logrando, a partir de los aprendizajes de esta etapa, innovaciones educativas que deberían destacarse e irradiarse en el sistema.
Por tanto, lo que está pasando con la innovación educativa actualmente depende en gran parte de las voluntades de los actores, pues, si bien se están desarrollando nuevas habilidades, el contexto es adverso y requiere de mayores andamiajes para facilitar y movilizar estas experiencias. 

Esta parece ser una oportunidad para el Centro de Innovación del MINEDUC, en función de identificar, consolidar, fomentar y profundizar, a partir de diversas estrategias y recursos, las innovaciones educativas en el país, lo que, por cierto, debiese ser apoyado por toda la institucionalidad del Sistema de Aseguramiento de la Calidad.

En suma, repensar y replantear acciones que permitan profundizar la innovación educativa en nuestro país, resulta un aprendizaje clave de esta etapa, principalmente, apuntando a la flexibilidad que tenga el sistema para responder, en diversos contextos, al desarrollo de mejores experiencias educativas que contribuyan al proceso formativo de los estudiantes.

Alexis Moreira Arenas, docente. 
Julio Irribarra Labrín, docente. 

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