La Discusión
Las ventas de alimentos funcionales en el retail están
creciendo a una tasa anual de 15%, muy superior al 8% que exhiben los
alimentos convencionales, un ritmo de expansión que da cuenta del progresivo
interés de los consumidores por adoptar hábitos alimenticios más saludables y
prevenir enfermedades crónicas.
En ese contexto, los expertos coinciden en que Ñuble tiene
la oportunidad de desarrollar alimentos funcionales y nutracéuticos
aprovechando su vocación agroalimentaria.
Ello, según explicó el vicerrector de Inacap Chillán, Henry
Monks, sumado a la preocupación de la academia por promover una alimentación
saludable en la comunidad, los llevó a organizar el primer congreso
internacional “Alimentos funcionales y nutracéuticos presentes en la industria
alimentaria”, que comenzó ayer y se extenderá hasta mañana.
Por su parte, el seremi de Agricultura, Fernando Bórquez,
destacó el rol de Ñuble como productor de alimentos saludables, de calidad, y
el desafío de aumentar sus exportaciones en este mercado.
Sin embargo, el desarrollo de alimentos funcionales
(elaborados para cumplir una función específica como mejorar la salud y reducir
el riesgo de contraer enfermedades) requiere de una fuerte inversión en
investigación.
En su clase magistral, el investigador del Centro de
Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD), de México, Gustavo González,
explicó el trabajo de diseño y formulación de los alimentos funcionales, lo que
incluye la identificación de compuestos beneficiosos para la salud
(ingredientes bioactivos) y su adición en otros alimentos de manera que
aseguren su biodisponibilidad y absorción en el organismo, un proceso complejo
que demanda conocer la estructura física de los alimentos y su interacción con
otros compuestos.
Trabajo conjunto
Por su parte, el investigador de la Facultad de Farmacia de
la Universidad de Concepción, Cristian Agurto, manifestó que “el desafío es
buscar alimentos con mayor calidad y beneficios para la salud o desarrollar
alimentos, basados en algunos ingredientes de este tipo, y es ahí donde la
academia y el sector productivo tienen que empezar a trabajar de manera
conjunta, algo que ya se está haciendo en Ñuble”, donde expuso que el principal
desafío está en generar los encadenamientos productivos para poner estos
productos en el mercado.
Ñuble ya está exportando ingredientes funcionales, así como
también materias primas que se utilizan en su elaboración. Es el caso de
Orafti, que elabora inulina y oligofructosa a partir de achicoria industrial, y
actualmente lidera el proyecto “Polo territorial de desarrollo de ingredientes
funcionales y aditivos a partir de granos ancestrales”, junto a la U. de
Concepción, el INIA y otras empresas, y financiado por FIA, que busca
aprovechar los componentes de la quinoa, el alforfón (trigo saraceno) y la
chía.
Carlos Avilés, gerente del proyecto, comentó que “Ñuble
tiene avances en la producción de alimentos funcionales y aditivos naturales” y
precisó que “estamos en vías de desarrollo de la incorporación de nuevos
cultivos, como la quinoa, el alforfón y la chía, y estamos trabajando
fuertemente en la identificación y caracterización de la quinoa y sus
componentes”.
El profesional añadió que “así como se desarrolló la
industria de la inulina hace más de 15 años, estamos en vías de hacer un
desarrollo, en una primera etapa, de un molino de procesamiento de quinoa a
gran escala, y luego la identificación de las fases y poder extraer los
componentes que nosotros buscamos”.


