Perales renace desde los escombros y eleva la voz para ocupar sus nuevas casas

alt Desde hace casi tres años que la mayoría de los vecinos viven en villas improvisadas tras el maremoto.
Lejos está Perales de ser un balneario top, pues lejos está de todo, no sólo por la distancia que los separa de Coelemu, la comuna a la que pertenece, sino también por las condiciones en que está el camino que bordea el río Itata y que lo conecta con cualquier localidad.
Perales “saltó a la fama”, tras el maremoto del 27 de febrero de 2010. En ese entonces, La Discusión constató que la caleta prácticamente había desaparecido, que el mar había arrasado con todo a su paso. De lo material no quedó casi nada y hoy, tras casi tres años del sismo, las esperanzas y sueños de a poco renacen entre los habitantes de un pueblo destruido.
Una calle ahora pavimentada y con instalaciones de faroles recibe a los visitantes de Perales, otra cara, considerando que la arena y el polvo eran el saludo habitual de la Avenida “La Playa”.
“Aquí han avanzado harto, hay hartas cosas nuevas, como el pavimento, el colegio que es modular, el Puente Los Leones, que atraviesa el estero Perales y las casas, que están muy lindas, pero todavía no las entregan”, cuenta Víctor Muñoz, vecino del sector desde hace 46 años y quien hace casi 30 trabaja en la playa. “La reconstrucción ha sido buena para algunos y lenta para otros”, agrega.
Pueblo dividido en dos
Las obras del Programa Plan de Reconstrucción Borde Costero tienen una inversión de $1.184.100.128 y deberían estar listas en junio de este año.
Con el maremoto del 2010, el pueblo se dividió en zonas. Roja, para todo el sector del borde costero y Amarilla para las viviendas ubicadas desde la Avenida La Playa hacia el cerro. Todo lo de la “línea roja” desapareció, el mar se lo llevó y no quedó nada ni para muestra.
Por eso, las autoridades expropiaron algunos terrenos y otros los dejaron ahí, a la suerte de las olas y el viento. Sólo que esas propiedades aún tienen dueños, que no pueden hacer nada, sólo esperar.
Eduardo Toledo y Marta Ortiz viven en uno de los campamentos y cuentan que otro de los problemas que tienen es la falta de trabajo. “Nuestra fuente laboral era en el mar, sacar y cocer el ulte y el cochayuyo. Ahora no podemos ni acercarnos, porque hay una espuma blanca y deshechos que estoy seguro vienen desde la celulosa”, cuenta Eduardo, mientras desarma su mediagua, ilusionado con su nueva casa.
Entrega de viviendas
En el campamento 1 de Perales viven 30 familias y en el 2 son 32. El estado tiene dispuestas 43 casas nuevas, metros cuadrados que “se miran pero no se tocan”, como reza la frase popular. Fueron terminadas hace ya casi un mes y aún no se les entregan a los vecinos.
“Estamos desesperados, las condiciones en las que estamos hace 3 años en este campamento son de riesgo para los niños. Está todo lleno de ratones y culebras y las casas están listas y aún no nos dicen nada, no sabemos cuándo las van a entregar. Yo creo que están esperando que llegue el 27 (de febrero), para ‘sacarse la foto’. Si no nos entregan las casas antes del 15, estamos pensando en que las vamos a tomar”, cuenta molesto Ramón Irribarra, vocero del campamento 1, aunque no está descontento en los avances de la reconstrucción, sí en los plazos para cambiarse de casa. Además, dice que no se ha acercado ninguna autoridad a darles un plazo de entrega.
La alcaldesa de Coelemu está satisfecha, dice que todo se ha cumplido en los plazos y asegura que la entrega de los hogares es sólo cosa de algunos días. “La recepción será dentro de la primera quincena de febrero, falta la revisión de algunos documentos y estamos trabajando en eso. Lo que nos preocupa son otros temas que se van quedando atrás, como por ejemplo los sitios de la línea roja, no sabemos qué va a pasar con ellos o la pavimentación de los 30 kilómetros de la ruta que une Perales con Coelemu, que está orillando el río Itata. Hay conversaciones con la Seremi de Obras Públicas y sabemos que cuesta 3 mil millones de pesos arreglar el camino. La autoridad me dice que debe haber un flujo de al menos 260 autos a la semana, pero yo digo, ¿qué es primero, el huevo o la gallina?. Para mi primero hay que pavimentar para tener esa cantidad de vehículos. Sé que va a quedar lindo esto, pero también estoy clara en que los pasos no pueden ser tan apresurados”, compartió la edil, Laura Aravena.

Fuente: La Discusión

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