Pese al aumento de herramientas de fabricación china, nuestro entrevistado tiene su clientela entre peluqueros, modistas, tapiceros y carniceros, que saben diferenciar la calidad de sus tijeras y lo importante que es darle buen filo regularmente.
Un cuchillo, una navaja, unas tijeras, deben tener siempre un buen filo para cortar muy bien, porque de no estar bien afilados no tendrían sentido. El uso de estas herramientas de trabajo va desgastando su filo original. De ahí la necesidad de afilarlos con frecuencia y convenientemente.
Luis Romero Reyes hace 43 años que se dedica a recorrer ciudades afilando cuchillos y tijeras. Aun cuando no vio la película “manos de tijera” está seguro que un buen afilado permite realizar trabajos tan delicados como el de una modista o del estilista.
Recorre las calles con su tradicional carrito y aun cuando no usa esa flauta característica, con tonalidades consecutivas, de graves a agudas y viceversa, que usaban sus antecesores, este personaje lo reemplaza con su actitud y alegría frente al trabajo. Es ágil y agudo en responder las bromas que se generan en torno a su oficio.
Lo sorprendimos en el centro de la ciudad; estaba dedicado a recuperarle el filo a varias tijeras podadoras de un agricultor y lo hacía en la calle, ya que su “máquina” tiene doble propósito, es un pedestal donde van su dos esmeriles y una caja donde guarda herramientas y, a la vez, es un carrito de fácil transporte. “Yo recorro hartas ciudades y vuelvo a ellas cada cierto tiempo, yo tengo mucha clientela. La próxima semana me voy a Cauquenes, por ejemplo”, nos explica.
Los cuchillos de uso profesional deben ser afilados por un amolador (como también se les conoce) que posea piedras de asentar o piedras esmeriles planas de grano fino, las que permiten controlar el correcto ángulo de afilado.
“Afilar un cuchillo de buena manera me cuesta varios minutos y trato siempre de dejar conforme al cliente”. Hay quienes creen que afilar un cuchillo es llegar y pasarlo por la piedra, pero no. Incluso un cuchillo mal afilado puede cortar, pero va a durar poco y su corte será como el de serrucho. En esto, hay que tener paciencia” sentencia.
Dentro de sus clientes de años están los peluqueros de “Ramis” (peluquería tradicional de San Carlos) a quienes atiende periódicamente.
Don Luis Romero nos habla de marcas que para él son casi “de culto” “Germany”, “Arbolito”, “Barrilito”. Los alemanes tienen fama en su marcas, aun cuando hay varias que ahora se fabrican en otros países, en todo caso son muy superiores a las chinas y taiwanesas que han inundado el mercado “Se puede encontrar una cuchilla en “Todo a 500” pero el metal es de tan mala calidad que no es posible darle filo”.
Don Luis hoy tiene 65 años, casado, vive en la población “20 de agosto” en Chillán, desde que se vino muy joven desde Santiago que se ha dedicado a este oficio y aun cuando la nota intentaba rescatar un oficio, para nosotros “en extinción”, don Luis lo niega rotundamente y asegura que el seguirá…. afilando… tijeras y cuchillos por mucho rato mas.