¿Quiénes manejarán la llave de agua de Ñuble?

El embalse La Punilla es el proyecto agrícola más esperado en la zona desde hace 90 años. Para los agricultores, el riego es una necesidad de primer orden,
 pero desde hace más de un año surgió la posibilidad de concretar su financiamiento a través de la generación eléctrica. La idea es incluir este negocio tal y como se ha hecho con otros embalses. Muchos ponen sus manos al fuego por el modelo; otros no son tan entusiastas y señalan que la guerra del agua entre agricultores y el sector de la energía será voraz.
La imagen de la flora y el suelo resecos; los animales con hambre y sedientos, está convirtiéndose en una postal recurrente de las zonas rurales de gran parte de la Provincia de Ñuble. Para los campesinos el agua está convirtiéndose cada vez más en una quimera, y a pesar de que la promesa de salvación ya acumula años, el Embalse La Punilla sigue penando fuerte entre los vericuetos del río Ñuble.
Las buenas noticias han abundado, pero lo que más se ha extrañado son las acciones. “La verdad es que la paciencia se les está agotando a los agricultores, si usted va y le pregunta a varios, reaccionarán mal, le van a decir que el Punilla ya se acabó, que ya no fue”, plantea Alfredo Schmidt, dirigente de la Asociación de Agricultores de San Carlos.
Para muchos de ellos, este sueño de ver con riego abundante la zona se ha hipotecado de manera importante el último tiempo, debido al nuevo engranaje del negocio eléctrico que se adosó al proyecto del embalse.
El doble propósito del agua
Actualmente, lo que puntualmente se señala en el proyecto es que el Embalse La Punilla tiene formalmente dos objetivos: el primero regular los recursos hídricos del río Ñuble para, por una parte, dar seguridad de riego del 85% y extender de 44.000 a 66.000 hectáreas el área de riego en las comunas de Coihueco, Chillan, Ñiquén, San Carlos, San Fabián y San Nicolás. Y por otra, generar energía hidroeléctrica, la que alcanzaría los 525 GWh como promedio anual, con una potencia nominal de 94 MW.
Una idea, que parece fenomenal ya que se matan dos pájaros de un tiro, y que por cierto tiene antecedentes en otros proyectos de embalses, como lo son en la Región del Maule y también en la provincia del Biobío, acá muy cerca, con la Laguna del Laja.
Dichas construcciones llevan mucho tiempo andando y son la referencia obligada en este tema. Precisamente hace sólo unos días, varios fueron los agricultores de estas dos zonas los que pusieron una voz de alerta al hecho de que es en instantes críticos como éste, de plena sequía, que las cuitas de riego no son respetadas, y que las empresas generadoras gozan del privilegio al ocupar el agua para sus rentabilidades.
Para Margarita Letelier, Agricultora de la zona y presidenta de la Junta de Vigilancia el Río Ñuble, la situación en la que quedaría el Punilla en ese sentido es “absolutamente distinta, pues ha sido creado de manera completamente diferente. Los otros fueron concebidos para energía, La Punilla ha sido concebido para riego. Por ende la prioridad la tiene el riego, valga la redundancia. Los derechos de agua pertenecen a los agricultores. Nosotros nunca vamos a dejar nuestros derechos. Nosotros vamos a establecer de común acuerdo con la hidroeléctrica y no al revés, el hecho de que la hidro sea dueña de los derechos. Nosotros lo vamos a administrar, eso es completamente diferente”, explica Letelier.
Esta situación, que para la Junta de Vigilancia es un trámite, otros agricultores lo ven como una complicación, que precisamente ha demorado la realización de la obra.
“El hecho de negociar con una hidroeléctrica para que se construya esto y se genere un modelo de negocio rentable para ellos es complicado y va para largo”, discrepa Alfredo Schmidt. Un aspecto que tiene preocupados a parte de los regantes, por la razón de que la demora ha sido principalmente producida por este nuevo objetivo involucrado al proyecto.
“O sea, yo no sé por qué quieren hacer todo al tiro, se está demorando todo tanto. Al final lo mejor hubiera sido haberlo hecho como en otros sectores, como en Parral con el embalse el Digua, que primero se preocuparon del riego, lo construyeron y recién ahora están viendo el tema de agregarle la generación eléctrica”, puntualiza Schmidt, quien además agrega que lo ideal ahí sería que el mismo Estado pudiese meterse en el negocio eléctrico, “que el gobierno compre las turbinas y que tome el toro por las astas, si dicen que es un negocio tan rentable, creo que sería lo mejor, además nos ahorraríamos tanto trámite”, expresa el agricultor.

La difícil negociación
Actualmente el Embalse La Punilla tiene un calendario de acciones a emprender de aquí al 2019, fecha en la que los más esperanzados esperan verlo terminado.
Pero éstas serían fechas concretas sólo si se contara con pasos primordiales, como lo es el hecho de contar con un modelo de negocio. “Es ésta la etapa en la que está la planificación del Punilla”, acota Margarita Letelier.
Acá las visiones son variadas, pero un tema que ha tenido cerca de 90 años de espera tras la demanda ha pasado por distintos puntos de vista.
Quien tiene una visión experta es Eric Lantaño, Perito Judicial en derechos de agua desde la VI a la IX Región. Para el entendido, esta dualidad que podría tener el proyecto se ve asimétrica de partida. “Veo que este modelo de negocio puede ser negativo para la actividad agrícola, pues el sector eléctrico siempre ha sido más fuerte”, plantea. En ese sentido, Lantaño advierte que los aspectos técnicos tienen que quedar claros desde un inicio.
“Me refiero puntualmente a los niveles que se van a manejar en el tema del vaciado, porque generalmente los sectores energéticos no respetan nada. Ellos necesitan vaciar en invierno, entonces conservan los niveles en verano y resulta que los agricultores necesitan vaciar en verano, Entonces para mí es un uso de intereses contrapuestos”, detalla el experto.
En un escenario crítico, Lantaño es de la opinión de que el “Estado siempre va a privilegiar el sector energético, por lo tanto ante una eventual sequía, los que se van a resentir primero son los agricultores, entonces quién responde por esa situación en circunstancia que ellos tienen bien constituido sus derechos que son consultivos. En cambio los derechos eléctricos son no consultivos… hasta cuando no manejan los niveles a su antojo, ahí se transforman en consultivos”, especifica Lantaño, dejando en claro que el principal dilema de la negociación será el hecho de decidir de cuánta agua voy a vaciar y cuándo.
Un punto que queda sin atar para Lantaño en el aspecto legas en que “el sector energético le falta mucha regulación, porque en varias partes a ellos no les ha importado vaciar embalses para su beneficio, como que sucedió en el Biobío, pero al parecer nunca les pasa nada porque hay mucha gente de arriba metida en las energéticas”. Acota de manera específica que el Código de Aguas es claro en este sentido,  señala que los derechos de agua deben respetarse, “pero al final esto en lo judicial no pasa nada”, apunta, augurando que esto provocará una difícil convivencia.
Para Margarita Letelier estos discursos son ahuyentadores. “Aquí son reyes en la crítica, pero nulos en generar aportes o apoyos. Me imagino que toda esta gente que está tan enemiga de la generación hidroeléctrica vivirán con una vela, porque lo ven como un pecado mortal. Porque para nosotros los agricultores hoy, la dependencia de la electricidad es tanta como del agua, sobre todo para los riegos tecnificados, pero antes de tecnificas se sabe lo primero es acumular y cuidar el agua”, expresa Letelier.
Las dudas están echadas justo ahora en que se discute la forma en que se financiará y se gestionará el Embalse la Punilla, momentos decisivos que podrán revelar finalmente quien tendrá, literalmente, la llave del agua en la mano

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