Con la llegada del mes de septiembre, se abre cada año un espacio apropiado para hablar de folclor. Para hacer una buena y rica discusión respecto de sus alcances, de su valor y sobre todo hablar sobre la importancia de este en la construcción del modelo de sociedad que compartimos, dentro de la bien llamada “chilenidad”
Partamos por lo más elemental, por lo mas
básico: qué es el folclor, cómo podemos definirlo, a qué refiere su
importancia. Todas preguntas fundamentales para poder establecer un marco
básico de conversación. Para esto. Propongo referirnos al trabajo realizado por
el antropólogo chileno Hernán San Martín que en el año 1970 publica su libro
“Nosotros los Chilenos” donde incluye el ensayo “Folclor Vivo de Chile” en
donde San Martín definirá el folclor diciendo: “el folclor por lo tanto no
es un conjunto de hechos muertos y curiosos, sino, elementos vitales,
funcionales en cambio permanente, lo demás es una especie de folclor de
arqueología… otro hecho importante es entender que el folclor es bastante
cambiable y migratorio, aun cuando la folclorización es mas intensa en el campo
que en la ciudad, la migración interna de la población ha hecho posible llevar
los hechos folclóricos a la vida de la ciudad… lo inverso también se produce
aunque en menor escala. La población de la ciudad, crea, asimila y propone sus
formas folclóricas urbanas. Existe por tanto el folclor campesino y el folclor
urbano”
Hay varias cuestiones importantes de destacar a
partir de esta definición de San Martín, quizás la mas importante y que resulta
ser un llamado de atención es que cuando hablamos de danzas que ya han perdido
su presencia en el quehacer cotidiano de los grupos humanos, estamos hablando
necesariamente de un folclor de arqueología, como lo define San Martín.
Esto se debe a que estas danzas fueron rescatadas
de la memoria y puestas en escena, aun cuando no permanecen vigentes en el
quehacer cotidiano. Un buen ejemplo de esto es el contraste que se produce con
ciertas expresiones que se han mantenido vigentes y vivas en el hacer de la
población, un buen ejemplo de esto son las canciones de cuna, que pese al paso
de los años siguen siendo cantadas y mantienen su presencia en lo cotidiano,
por tanto no son un folclor de arqueología.
Hay sin dudas más de alguna danza y
manifestación folclórica que se mantiene plenamente vigente, pese al paso de
los años. La cueca por ejemplo sigue plenamente vigente y revitalizada. Pero
hay otras danzas como La Sajuriana y El Sombrero, como tantas otras, que
perdieron su vigencia. Aun cuando hay ciertos espacios muy específicos en que
este tipo de danzas pueden ser interpretadas, pero son sin dudas espacios muy
reducidos, por lo que no se puede considerar que estén plenamente vigentes.
San Martín en su libro, nos habla que el
folclor es cambiante y migratorio, interesante definición. Aquí es necesario
detenernos, para entender que la manifestación folclórica nuestra, en Chile,
tiene tres corrientes que la sostiene, el influjo aborigen, europeo y el menos
aceptado o menos apreciado influjo africano.
La relación entre estas tres corrientes es lo
que da como resultado nuestro folclor. Es interesante abordar también la idea
de San Martín de algo más vigente como es la permanente migración
campo-ciudad. Podemos afirmar entonces,
conforme a San Martín que hay un folclor identitario del campo y un folclor
propio de la ciudad, es decir, manifestaciones que están presentes, vigentes y
que se dan en ambos contextos.
No es que la identidad y la manifestación más
“pura del pueblo” se de solo en el campo o en comunidades premodernas como es
habitualmente entendido, sino también se manifiestan de manera propia en la
ciudad.
Es importante señalar dentro de este espacio,
que lo que hoy hacen todos los conjuntos folclóricos, se trata de Proyección
Folclórica, porque el folclor se da siempre en comunidades plenamente vivas y
no en un escenario. Al menos así lo pienso yo.
Luis Kako Navarrete
Consejero Regional de Culturas.
