martes, 5 de noviembre de 2019

Ñuble apuesta por las castañas


AGRO.- (revista del campo).- La región concentra el 70% de la superficie del frutal, con nuevas plantaciones impulsadas por las variedades marrón, que producen hasta seis toneladas por hectárea y tienen una fuerte demanda en Europa.
En la comuna de El Carmen, en la precordillera de la Región de Ñuble, es común que entre las praderas sembradas con trigo, remolacha y otros cultivos aparezcan enormes castaños, que existen desde hace décadas, y desde los cuales pequeños productores recolectan sus frutos para venderlos en el mercado interno y, en algunos casos, a intermediarios para exportar.
Desde hace algunos años y en forma creciente, el paisaje de esos árboles frondosos ha comenzado a convivir con huertos de otros tipos de castaños, más pequeños, más productivos y plantados en alta densidad, con variedades del tipo marrón —como los que existen en Europa—, que tienen una alta demanda en ese mercado, ya que producen castañas fáciles de pelar y procesar.

De hecho, quienes ya tienen estas plantaciones afirman que el crecimiento en la superficie de castaños que reflejan los últimos catastros frutícolas del Ministerio de Agricultura corresponde solo a este tipo de variedades, donde las plantaciones casi se han triplicado en cinco años a nivel nacional (ver infografía) y la Región de Ñuble concentra el 70% de participación, con 768 hectáreas, de las cuales el 40% se ubica en El Carmen.

“Hemos podido ver que El Carmen no solo es la mejor zona apta, sino que también es donde se pueden lograr los mayores rendimientos, por los procesos que vive el castaño entre la floración y el fruto, ya que se produce un muy buen nivel de polinización y cuaja, y tenemos una temperatura muy adecuada”, explica Andrés Cox, productor de castañas marrón desde hace ocho años, quien junto con tres socios suma una superficie de 250 hectáreas.

Debido a los buenos resultados que ha obtenido hasta ahora, ya que el frutal comienza a producir luego de cinco años, considera que es una especie que se debe potenciar en la región, para alcanzar un volumen de castañas atractivo para los compradores internacionales.
“Es el frutal que tiene mejor adaptación a esta región y creemos que las autoridades pueden crear incentivos para las plantaciones”, afirma.

Ventajas para Chile
Aunque se asemeja a un fruto seco, las castañas son frutas frescas, que se deben procesar rápidamente. Hoy se exportan a Francia, Italia, España y Portugal en sacos de 25 kilos, refrigeradas y sin pelar, porque aún no hay servicios de peladoras en Chile.

Actualmente, salvo la superficie chilena y alrededor de mil hectáreas en Australia, no existen grandes plantaciones en el hemisferio sur, algo que los productores locales consideran como una oportunidad, ya que la mayor parte de los huertos europeos están afectados por plagas y enfermedades agresivas, que han mermado la producción.

“Todo eso son oportunidades para nosotros, ventanas temporales que hay que aprovechar, porque no tenemos el hongo de la madera, que afecta a los árboles, la avispilla ni las polillas que atacan a los castaños en Europa. Eso es una gran ventaja, porque ellos ya parten con 10% a 15% menos de producción”, plantea Edmundo Valderrama, socio de la empresa Agrisur, que actualmente tiene 160 hectáreas de marrones en el fundo Trehualemu, en El Carmen.

Al no contar con esas plagas en Chile, otra oportunidad para los productores es que no se requiere el uso de plaguicidas, por lo que tienen costos más bajos —en total, se estima que los costos anuales de operación no superan los US$ 2 mil por hectárea, sin considerar el riego— y facilidades para certificarse como orgánicos y obtener mayores retornos.

“Estamos en el proceso de conversión a orgánicos, nos queda un año para estar listos y nadie en Chile todavía está certificado, pero en el exterior vemos que sí se pagan mejores precios por las castañas orgánicas”, afirma Edmundo Valderrama.

Al considerar las condiciones de plantación, es un frutal con raíces profundas, que no tiene buenos resultados en zonas con limitaciones de suelo, ya que es sensible a la asfixia y la fitóftora. Se cosecha en forma mecánica entre mediados de marzo y fines de junio, según la variedad, y se utilizan las mismas maquinarias de las avellanas europeas.

En cuanto a las variedades marrón, de las diez que existen disponibles en Chile, considerando los polinizantes, Edmundo Valderrama comenta que en la cosecha de este año, la más productiva fue castell borello, con un rendimiento de 6.500 kilos por hectárea, aunque en las cuatro temporadas anteriores, la de mejor desempeño era cuneo, una variedad precoz.

“Tenemos estimado que las producciones deben moverse, siendo conservadores, en torno a 6 toneladas por hectárea. Considerando un precio por kilo promedio de 1,35 euros, equivalente a unos mil pesos chilenos, el ingreso en plena producción debe estar cerca de $6 millones por hectárea. Si gastamos unos $811 mil al año, genera del orden de $5 millones de margen bruto, considerando solo la producción directa, sin gastos administrativos”, detalla el socio de Agrisur, y considera que una unidad productiva eficiente debe estar entre 30 y 40 hectáreas si se quieren mecanizar.

Productos con valor
Las oportunidades de exportación están en las castañas marrón y no en las tradicionales, porque tienen entradas de la piel en el fruto, que hace muy difícil procesarlas.
Sin embargo, muchos de los pequeños productores tienen castaños tradicionales y quieren buscar nuevas formas de comercialización que permitan agregar valor a la fruta.

Como parte de esa búsqueda, desde hace dos años la Agrupación de Castañeros de El Carmen, que en conjunto produce 200 toneladas anuales, ha estado trabajando con la Fundación para la Innovación Agraria (FIA) y la Universidad de Concepción en desarrollar una crema de castañas, similar a la pasta de avellanas. Ya tienen dos prototipos evaluados con consumidores.

“El producto será escalado a nivel piloto y presentado para su venta y consumo en forma directa o para preparaciones de repostería y chocolatería fina”, proyecta el académico de la U. de Concepción y director del proyecto, Christian Folch.

“Tenemos que capacitar a los productores para que tengan su unidad de proceso para trabajar la crema de castaña, desarrollar una estrategia de márketing y asesorarlos en cómo seguir la trazabilidad de los productos”, añade Folch, y detalla que ya han realizado cuatro capacitaciones con 25 productores.

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