Argentina alcanzó una cosecha histórica de trigo de 27,8 millones de toneladas, pero el hito se ve opacado por un déficit generalizado y severo en la calidad panadera del cereal, que ya obliga a la industria molinera a realizar ajustes técnicos forzosos para mantener la producción de harina.
La Federación Argentina de la Industria Molinera (FAIM) alertó que, a diferencia de años anteriores, el problema de calidad es estructural y se manifestó en todas las regiones trigueras sin excepción. “El volumen fue extraordinario, pero el trigo con aptitud panadera escasea”, afirmó Diego Cifarelli, presidente de la entidad.
Los números son contundentes: un análisis de más de 3.000 muestras en Buenos Aires arrojó un promedio de gluten del 20,7%, muy por debajo del 26% necesario para una buena panificación. Datos de las Cámaras Arbitrales indican que solo el 3,5% de la cosecha superó los umbrales mínimos de calidad requeridos.
Frente a esta realidad, los molinos implementaron procesos correctivos para paliar la falta de calidad. Estas medidas incluyen amasados más cortos, reducción de agua en las fórmulas, menor tiempo de fermentación y un uso revisado de mejoradores. El sector aclara que, si bien posee el conocimiento para adaptarse, estos ajustes tienen un límite y un costo operativo, subrayando que el volumen por sí solo no asegura el funcionamiento normal de la cadena.
La campaña récord deja así una dualidad: confirma el enorme potencial productivo del país, pero expone con crudeza un desafío de calidad que pone en jaque la competitividad del trigo argentino y la calidad de un alimento básico como el pan.
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Fuente: agroempresario.com
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