Todo vuelve a la normalidad


Se fueron las Fiestas Patrias y todo vuelve a la normalidad. A partir de ahora volvemos a ser, en general, un poquito menos chilenos, de lo que nos sentimos durante los días de celebración nacional. Todo vuelve poco a poco a ser un tanto más normal.

Extraño país es el nuestro, en donde celebramos unánimemente una fecha de independencia que en realidad no es tal. Porque valga recordar que el 18 de septiembre de 1810 refiere a un momento de nuestra historia nacional, en donde un grupo de empingorotados y connotados españoles y descendientes directos de españoles, venidos de la “Madre Patria” se reúnen frente a la preocupación por los hechos que están ocurriendo en ese momento en su país de origen, España, en donde su Rey estaba pasando por momentos complejos debido a la invasión napoleónica.

Pero por consenso, por acuerdo celebramos la fecha como referencia a nuestra Independencia, que claramente se vivió varios años después, debido a la lucha independentista de varios connotados que logramos aunar voluntades para dejar de ser colonia española. Cuestión que se logra no antes de 1818, en la batalla final de Maipú, un 5 de abril de aquel año.

Es interesante comprobar que incluso se siguieron librando batallas muy posteriormente a esta fecha y es recién el año 1825 cuando finalmente se anexa Chiloé al territorio liberado. Todas cuestiones que a lo largo de nuestra historia patria, pasan sin mayores cuestionamientos.

Pero vamos a lo actual. En distintas ciudades, pueblos y villorrios se viven las Fiestas Patrias con un fervor que sigue siendo llamativo y sanador para la consabida “chilenidad”. Los distintos municipios hacen un esfuerzo importante por presentar actividades “entretenidas” cada vez mas influenciadas por la música ranchera y relegando a un segundo plano nuestra música nacional. Cuestión comprobable a simple vista. Pero esta realidad se entiende en tanto las actividades lo que buscan es mas que celebrar, mas bien se trata de ganar adeptos para cualquier próxima elección. Y claro, la música ranchera tiene hoy muchos mas adeptos que la música tradicional chilena.

Superada la fecha celebratoria los balances siempre son excesivamente positivistas por parte de los organizadores municipales y en general las cuentas son no tan positivas, para quienes se arriesgan a pagar un alto costo por ocupar algún puesto comercial en las inmediaciones de la puesta en escena. 

Este año la situación se vio desbordada por la cuestión climática y todo fue un poco mas complejo. Pese a esto la autoridad local en todos lados, sacó cuentas alegres y volvió a reiterar “su compromiso con el pueblo, la cultura y la chilenidad”, como les gusta decir, repitiendo como un mantra.

Quizás si lo mas agradable del fin de estas, al menos personalmente, es que vamos a dejar de escuchar intentos de chilenizarse y folclorizarse por parte de algunos, que irresponsablemente intentan hacer alguna “payita” para congraciarse con el auditorio. Francamente es vergonzoso escuchar a algunos tratando de entregar algún mensaje mediante este intento irresponsable, sin tener la mas mínima idea de la construcción de una cuarteta o una copla. Al menos así lo pienso yo.  

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