Amaranto, el cultivo precolombino que alimenta a los astronautas


Amaranto, el cultivo precolombino que alimenta a los astronautas

AGRO.- (eleconomista).- Es conocida como la planta inmarchitable, y su cultivo es originario de Centroamérica y Sudamérica, especialmente en Guatemala, México, Perú y Ecuador. Junto con el maíz, el frijol y la chía, el amaranto constituyó uno de los principales alimentos para las culturas precolombinas y es uno de los cultivos más antiguos de la Humanidad.

Con la llegada de los españoles a América, y durante la Conquista, el amaranto fue eliminado y prohibido de la dieta indígena por el uso ceremonial al que estaba ligado. En sus rituales, mayas, incas y aztecas mezclaban el amaranto con miel y formaban figuras de deidades. Los conquistadores percibieron una perversión de la eucaristía católica en estas prácticas. Conocido como el alimento del guerrero, otras investigaciones señalan que se trató de una estrategia militar para mantener a la población débil y conquistarla más fácilmente.

La cantidad de proteína de su semilla supera a la de otros cereales. Contiene el doble que el maíz y el arroz, y hasta un 80% más que el trigo. Esto eleva al amaranto a la categoría de superalimento.

La NASA considera el amaranto un cultivo apto para apoyar la vida galáctica

Es versátil incluso en el espacio. La propia agencia espacial estadounidense, la NASA, ha contado con sus servicios más allá de nuestra atmósfera. Este organismo ha calificado el amaranto como un cultivo apto para apoyar la vida galáctica. Es capaz de eliminar el dióxido de carbono de la atmósfera y, al mismo tiempo, proporciona alimento, oxígeno y agua a los astronautas.

Una de las ventajas del amaranto es que puede crecer en suelos pobres. En aquellos terrenos que carecen del suficiente porcentaje de materia orgánica y, por tanto, no pueden considerarse muy fértiles. Además, no es una planta esquilmadora: a diferencia del maíz, dona nutrientes al suelo y ayuda a que no se erosione.

También presenta un amplio nivel de adaptación al clima, se ha cultivado con éxito tanto a nivel costero como en alta montaña, y destaca por su resistencia a la salinidad. Esto multiplica su potencialidad en España.

La variedad María, de ciclo muy corto, aproximadamente de unos cuatro meses, se puede incluir como cultivo en segunda rotación después de una leguminosa para forraje o una cebada temprana.

El amaranto es un cultivo de regadío, pero su consumo de agua, comparado con otros cultivos, es sensiblemente menor y más sostenible. Frente a los 500 litros por hectárea del maíz, el amaranto consume entre 150 y 180 litros. Los riegos no han de ser muy copiosos, pero sí muy frecuentes sobre todo hasta que establece su crecimiento.

La siembra se realiza entre principios de mayo y junio, dependiendo de las condiciones climáticas de la campaña. Su semilla es muy pequeña, inferior que la de colza, por lo que necesita un lecho de siembra muy preparado.

Gracias a sus beneficios nutricionales, sin gluten y con más proteína y aminoácidos que el trigo, la demanda y perspectivas del amaranto son cada vez mayores. Su presencia en los supermercados, también. El amaranto ayuda a reducir los niveles de colesterol en sangre gracias a su aporte de grasas insaturadas y participa en la prevención y el tratamiento de enfermedades cardiovasculares. También posee un bajo índice glucémico, ideal para los diabéticos.

Este superalimento se puede consumir en forma de semillas, aceite y harina. Resulta perfecto para hacer palomitas, rellenar berenjenas o tomates, y para preparar croquetas. Y como dulce, su mejor acompañante es la miel, ya desde los tiempos de Moctezuma. De hecho, los mexicanos continúan elaborando una golosina con estos dos ingredientes que se llama “alegría” y que se vende en kioscos y ferias.

Con su viaje desde las culturas precolombinas hasta las estrellas siderales, el amaranto constituye la prueba de que, a veces, la innovación hay que buscarla en el tiempo más remoto de la Humanidad.