De piojos y ringtone


Comentario

Escribe: Mario San Martín Aliaga

Sin duda que el teléfono celular ha sido un buen aporte tecnológico para la comunicación, sin embargo, en cuanto a las relaciones interpersonales este aparatito se ha transformado en un impertinente capaz de interrumpir a todo el mundo con las mas variadas y “polifónicas canciones de moda” sin importar el momento ni la reunión en que aparezca con su ringtone.
Un celular sonando en un acto solemne, en el relato de una desgracia o en cualquier ocasión de respeto, ya se ha hecho una imprudencia común.
Para que decir, en manos de algunos políticos y jefes de servicios que, cual miembros activos del “911” o de un grupo de fuerzas especiales dispuesto a salir corriendo, se permiten interrumpir cualquier situación por el solo hecho de querer dar sensación de “muy ocupados y solicitados”.
Con dos o tres celulares hay personajes que se levantan de la reunión a cada rato a atender sus llamados sin importar la impertinencia. Son esos personajes que gritan ¡¡estoy en una reunión, después te devuelvo el llamado!! aun cuando el mismo aparato trae consigo una grabación que avisa que su dueño no puede contestar. Es mas, si lo apagara los llamados se irán a un buzón de voz desde donde podrá mas tarde rescatar los mensajes.
Pero, pareciera que la idea es otra, simplemente llamar la atención.
En Chile por cada mil personas hay 654 unidades de estos aparatos, y seguramente la gran mayoría no sabe que además existe riesgo en su uso. Las ondas provenientes de los celulares y de la red repetidora reciben el nombre de microondas, es decir, que tienen frecuencias entre 300 Megahertz y 300 Gigagerz. Estas radiaciones pueden afectar también elementos técnicos de alta sensibilidad, razón por la cual es prohibido su uso en aviones, lugares con amplias medidas de seguridad, o en personas con marcapasos cardíacos.
Con cierto grado de peligrosidad y mucho de impertinencia estos aparatos, como dijo alguien, “son más populares que los piojos” y hoy están en todos lados como clara demostración que la tecnología, nada tiene que ver con la verdadera comunicación humana.